
Ayer leí un blog amigo que me encanta, y en él Guillo hablaba sobre las decisiones y los cambios. Ciertamente, los cambios no son fáciles. Somos animales de costumbres, y nos cuesta tirarnos a la pileta (aún sabiendo que está llena de agua). Y hay muchas dudas sobre lo que estamos haciendo. Sobre todo cuando no contamos con el total beneplácito de nuestros amigos/vecinos/conocidos/parejas.
Tal como Guillo, perdí mucho. Aunque, a esta altura, creo que “invertí”. Porque a raíz de eso conseguí muchas cosas que son ahora valiosas. Y las pequeñas metas alcanzadas en el camino son las que me permiten continuar y pensar que estoy en la senda correcta.
Siempre me dediqué a mi casa, mi trabajo y mis hijos. Pero hace 2 años me picó el bichito de hacer algo para mí. Y meterme en un crédito bancario que no sabía a ciencia cierta si podría pagar para irme a Londres. Guillo cita a Coehlo: "El Mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños."
Tal como Guillo, perdí mucho. Aunque, a esta altura, creo que “invertí”. Porque a raíz de eso conseguí muchas cosas que son ahora valiosas. Y las pequeñas metas alcanzadas en el camino son las que me permiten continuar y pensar que estoy en la senda correcta.
Siempre me dediqué a mi casa, mi trabajo y mis hijos. Pero hace 2 años me picó el bichito de hacer algo para mí. Y meterme en un crédito bancario que no sabía a ciencia cierta si podría pagar para irme a Londres. Guillo cita a Coehlo: "El Mundo está en las manos de aquellos que tienen el coraje de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños."
El blog en cuestión es “La otra caja de Pandora”. Y hablando de ello, Dolina dijo que no le quedaba claro si la esperanza era una invención celestial o infernal. Y si bien todavía no tengo un criterio al respecto, creo que los sueños tienen mucho que ver con la esperanza. Y yo no puedo vivir sin ninguna de las dos cosas.
Tengo un amigo que me banca a muerte, que me apoyó en mis proyectos más alocados, que no me juzga. Un día tuvimos una extensa charla sobre mi proyecto de ir al cumple de Freddie Mercury.
Al día siguiente le escribí un mail. Y al releerlo volví a tener esa fascinante sensación de correr tras los sueños. Acá quiero compartirla con ustedes. Sepan disculpar las intimidades.
Estuve pensando muchas cosas, y quiero compartirlas con vos, para poder verlas en detalle (porque ahora puedo ver…).
Hubo algo que dijiste que me quedó dando vueltas en la cabeza. Es cierto: siempre miré con el ojo izquierdo. Pero las cosas ahora han cambiado, y con un enorme esfuerzo (¿por qué las cosas suelen darme tanto trabajo? ¿Me pasa sólo a mí?) estoy acostumbrándome a mirar de cerca con el otro ojo.
Y me pregunto: ¿qué haría yo si por un momento me tapara el ojo izquierdo? Pienso en esto y yo misma me limito pensando en qué dirás vos al respecto. Pero voy a intentar no hacerlo.
Nota: Obsérvese que lado izquierdo, viene a ser algo así como el costado "lógico". El derecho, en cambio está especializado en sensaciones.
En primer lugar, me iría a Londres. Iría al Cavern, caminaría descalza por Abbey Road (¿Sabés por qué? ¿Conocés la historia?). Lloraría a moco tendido frente a la estatua de Freddie y juntaría montones de mariposas para soltarlas en ese momento. Eso sí: me tomaría el trabajo de buscar las más coloridas y brillantes. No me preguntes por qué Londres, pero lo siento como una asignatura pendiente. No es Saint Palais, cuna de mis bisabuelos, ni Italia, cuna de mis bisabuelas. Tampoco es Argentina, tierra ancestral de mi abuelo. Es Londres. Tampoco me preguntes sobre mi admiración por Freddie Mercury. Nunca fui fanática de nada, y es medio ridículo empezar a serlo ahora. Sin embargo él me produce un sentimiento muy particular. Es como si me cantara a mí y supiera llegar a mi fibra más íntima. Muchas veces escuché frases en sus canciones que dieron en la tecla justa cuando no podía definir muy bien qué me pasaba. Es algo bastante extraño, y no es porque nunca antes haya encontrado canciones con las que identificarme.
Vuelvo al tema. A pesar de todos los “debería” que tengo incrustados, mi espíritu se empeña en ser libre.
Odio los horarios y los relojes. Prefiero pensar que soy la dueña de todo el tiempo del mundo. No me gusta apurarme. Prefiero respetar mis tiempos.
No me gustan los compromisos. Me gusta hacer lo que quiero o estar con quien quiero cuando así lo decido. Y es maravilloso cuando esos momentos coinciden. Y encima tengo la suerte de adorar el trabajo que hago…
Me mudaría. Y no es por el cansancio de los viajes diarios a Capital (eso colabora), sino porque siento que terminó una etapa importante de mi vida, y necesito empezar una nueva. Quiero otra gente y otro lugar.
¿Cómo sería mi casa? El living sería de ladrillo vista. Pero no el de frentes, sino ese mucho más rústico. Tendría un gran ventanal a un costado, donde haría mis propios vitreaux para que entrara luz de colores. Las paredes estarían llenas de fotos, pero no de mi familia. Para horror de mis padres y de mi hija, pondría en primer plano una foto espectacular del culo de Freddie que capturé de un video. Realmente me parece un culito hermoso. Tendría también otra foto que saqué de un video de Brian May. Habría fotos de Marilyn, de Louis Armstrong, de Fred Astaire volando con la música. Por supuesto, una grande de Valentino en color sepia. Una foto de mi abuelo que me encanta. No faltaría la de Humprey Bogart. Desde luego, guardaría un rincón para colgar mi diminuta colección de instrumentos musicales.
Vendería los muebles que tengo (excepto la biblioteca de La Nación, que amo) y compraría sillones floreados, mullidos, una linda mesita de café, un mueble para poner la bandeja (ya que por fin tengo una), mis discos de vinilo, el equipo de cd, y pondría mi escritorio con mi computadora. Alguna que otra planta no vendrían nada mal (eso sí: artificiales. Las naturales se me secan irremediablemente). Ese sería MI lugar.
Mis hijos harán lo que quieran con sus dormitorios.
La cocina sería muy cálida. Nada de muebles de metal y vidrio (¡Guácala!). Me llevaría mi enorme pecera llena de plantas, adornos y peces de colores, mis perras y a mi gato Juan.
Mi dormitorio estaría pintado de verde. Colgaría el cuadro náutico en la cabecera de la cama. Me llevaría mis bibliotecas con mis libros, y pondría un lindo sillón para leer.
Reuniría a mis amigos en casa para cantar con las guitarras (¡me agarró el viejazo!) o para pasarnos una tarde de lluvia jugando algún juego de mesa.
Según mi alquimista y tarotista amigo Francisco ya resolví mi karma con mi ex. Mucha gente cree a pies juntillas en estas cosas. Yo creo en algunas, pero siempre pasando por el filtro de mi mente (es inútil. Ya dejé de luchar contra eso). Si me preguntás en qué creo, te cuento que creo en la reencarnación, en las vidas pasadas y futuras, en que el camino al cielo es largo y laborioso, en que siempre tendremos una nueva posibilidad, en que si pido al cielo siempre va a haber alguien que me ayude, en que las almas tienden a reencarnarse juntas, en que tenemos una misión en la vida pero que somos libres de cumplirla o no, en que traemos cuestiones sin resolver impresas en el alma, y que debemos tratar de resolverlas, en que el objetivo fundamental de la vida es crecer y aprender, en que hay personas que nos ayudan mucho, y que nosotros debemos ayudar a los demás sin pedir nada a cambio, en que lo único importante es hacernos cargo de nosotros, y fundamentalmente creo en la magia y en que todo es posible.
Y les cuento el final de la historia:
En septiembre de 2006 tomé el avión hacia Londres, donde fui feliz como nunca hubiera creído.
No me mudé. Todavía no llegó el momento. Todavía sigo amando esta casa donde mis hijos y yo somos tan felices (pero tengo las fotos de Freddie y de Brian en mi dormitorio). Y ya estoy soñando de nuevo con nuevos rumbos.
Tengo un amigo que me banca a muerte, que me apoyó en mis proyectos más alocados, que no me juzga. Un día tuvimos una extensa charla sobre mi proyecto de ir al cumple de Freddie Mercury.
Al día siguiente le escribí un mail. Y al releerlo volví a tener esa fascinante sensación de correr tras los sueños. Acá quiero compartirla con ustedes. Sepan disculpar las intimidades.
Estuve pensando muchas cosas, y quiero compartirlas con vos, para poder verlas en detalle (porque ahora puedo ver…).
Hubo algo que dijiste que me quedó dando vueltas en la cabeza. Es cierto: siempre miré con el ojo izquierdo. Pero las cosas ahora han cambiado, y con un enorme esfuerzo (¿por qué las cosas suelen darme tanto trabajo? ¿Me pasa sólo a mí?) estoy acostumbrándome a mirar de cerca con el otro ojo.
Y me pregunto: ¿qué haría yo si por un momento me tapara el ojo izquierdo? Pienso en esto y yo misma me limito pensando en qué dirás vos al respecto. Pero voy a intentar no hacerlo.
Nota: Obsérvese que lado izquierdo, viene a ser algo así como el costado "lógico". El derecho, en cambio está especializado en sensaciones.
En primer lugar, me iría a Londres. Iría al Cavern, caminaría descalza por Abbey Road (¿Sabés por qué? ¿Conocés la historia?). Lloraría a moco tendido frente a la estatua de Freddie y juntaría montones de mariposas para soltarlas en ese momento. Eso sí: me tomaría el trabajo de buscar las más coloridas y brillantes. No me preguntes por qué Londres, pero lo siento como una asignatura pendiente. No es Saint Palais, cuna de mis bisabuelos, ni Italia, cuna de mis bisabuelas. Tampoco es Argentina, tierra ancestral de mi abuelo. Es Londres. Tampoco me preguntes sobre mi admiración por Freddie Mercury. Nunca fui fanática de nada, y es medio ridículo empezar a serlo ahora. Sin embargo él me produce un sentimiento muy particular. Es como si me cantara a mí y supiera llegar a mi fibra más íntima. Muchas veces escuché frases en sus canciones que dieron en la tecla justa cuando no podía definir muy bien qué me pasaba. Es algo bastante extraño, y no es porque nunca antes haya encontrado canciones con las que identificarme.
Vuelvo al tema. A pesar de todos los “debería” que tengo incrustados, mi espíritu se empeña en ser libre.
Odio los horarios y los relojes. Prefiero pensar que soy la dueña de todo el tiempo del mundo. No me gusta apurarme. Prefiero respetar mis tiempos.
No me gustan los compromisos. Me gusta hacer lo que quiero o estar con quien quiero cuando así lo decido. Y es maravilloso cuando esos momentos coinciden. Y encima tengo la suerte de adorar el trabajo que hago…
Me mudaría. Y no es por el cansancio de los viajes diarios a Capital (eso colabora), sino porque siento que terminó una etapa importante de mi vida, y necesito empezar una nueva. Quiero otra gente y otro lugar.
¿Cómo sería mi casa? El living sería de ladrillo vista. Pero no el de frentes, sino ese mucho más rústico. Tendría un gran ventanal a un costado, donde haría mis propios vitreaux para que entrara luz de colores. Las paredes estarían llenas de fotos, pero no de mi familia. Para horror de mis padres y de mi hija, pondría en primer plano una foto espectacular del culo de Freddie que capturé de un video. Realmente me parece un culito hermoso. Tendría también otra foto que saqué de un video de Brian May. Habría fotos de Marilyn, de Louis Armstrong, de Fred Astaire volando con la música. Por supuesto, una grande de Valentino en color sepia. Una foto de mi abuelo que me encanta. No faltaría la de Humprey Bogart. Desde luego, guardaría un rincón para colgar mi diminuta colección de instrumentos musicales.
Vendería los muebles que tengo (excepto la biblioteca de La Nación, que amo) y compraría sillones floreados, mullidos, una linda mesita de café, un mueble para poner la bandeja (ya que por fin tengo una), mis discos de vinilo, el equipo de cd, y pondría mi escritorio con mi computadora. Alguna que otra planta no vendrían nada mal (eso sí: artificiales. Las naturales se me secan irremediablemente). Ese sería MI lugar.
Mis hijos harán lo que quieran con sus dormitorios.
La cocina sería muy cálida. Nada de muebles de metal y vidrio (¡Guácala!). Me llevaría mi enorme pecera llena de plantas, adornos y peces de colores, mis perras y a mi gato Juan.
Mi dormitorio estaría pintado de verde. Colgaría el cuadro náutico en la cabecera de la cama. Me llevaría mis bibliotecas con mis libros, y pondría un lindo sillón para leer.
Reuniría a mis amigos en casa para cantar con las guitarras (¡me agarró el viejazo!) o para pasarnos una tarde de lluvia jugando algún juego de mesa.
Según mi alquimista y tarotista amigo Francisco ya resolví mi karma con mi ex. Mucha gente cree a pies juntillas en estas cosas. Yo creo en algunas, pero siempre pasando por el filtro de mi mente (es inútil. Ya dejé de luchar contra eso). Si me preguntás en qué creo, te cuento que creo en la reencarnación, en las vidas pasadas y futuras, en que el camino al cielo es largo y laborioso, en que siempre tendremos una nueva posibilidad, en que si pido al cielo siempre va a haber alguien que me ayude, en que las almas tienden a reencarnarse juntas, en que tenemos una misión en la vida pero que somos libres de cumplirla o no, en que traemos cuestiones sin resolver impresas en el alma, y que debemos tratar de resolverlas, en que el objetivo fundamental de la vida es crecer y aprender, en que hay personas que nos ayudan mucho, y que nosotros debemos ayudar a los demás sin pedir nada a cambio, en que lo único importante es hacernos cargo de nosotros, y fundamentalmente creo en la magia y en que todo es posible.
Y les cuento el final de la historia:
En septiembre de 2006 tomé el avión hacia Londres, donde fui feliz como nunca hubiera creído.
No me mudé. Todavía no llegó el momento. Todavía sigo amando esta casa donde mis hijos y yo somos tan felices (pero tengo las fotos de Freddie y de Brian en mi dormitorio). Y ya estoy soñando de nuevo con nuevos rumbos.



