jueves, 14 de febrero de 2008

Valentine´s day


El amor: tema trivializado y cursi si los hay.
Antes creía que "no estaba bien" seguir importando celebraciones. Pero ahora cualquier excusa me viene bien para festejar.
Así que esta mañana cargué en mi MP3 2 melosos temas de Luismi para ponerme en tema (Arjona me pareció demasiado) y acá me pongo a escribir.

Mi visión del amor (como seguramente le pasa a la mayoría de las personas) ha cambiado bastante con los años.
Antes creía en el "para siempre", en el "no puedo vivir sin vos", en "contigo pan y cebolla". Pero ya no.
Ahora quiero alguien para divertirme, para pasarla bien, para charlar. Alguien sin tiempo y sin presiones. Alguien completo con quien compartir libertades cuando así tenemos ganas. Alguien con quien poder compartir proyectos propios y conjuntos, y que ambos seamos capaces de disfrutar los triunfos del otro.
No quiero una media naranja. Y si alguien me dice: "Sin tí no puedo respirar" le diría "comprate un pulmotor, aprendé a respirar solo, y después me buscás".
No quiero que resuelva mis problemas, pero sí que me de un abrazo en los momentos difíciles para darme fuerzas para seguir.
Y, como bien dice Ismael Serrano, "que el amor sea eterno mientras dure".

martes, 12 de febrero de 2008

La hora señalada




Estuve paseando por el blog de Dispersa…
Allí encontré un muy buen post sobre “8 cosas que haría antes de morir”.
Me pregunto: ¿Habrá alguien que no se haya planteado esta cuestión? ¿Por qué pensamos “antes de morir”? ¿Por qué no ahora?
Creo que en principio es porque siempre creemos que tenemos tiempo. Tiempo para decirle a alguien que lo queremos, tiempo para estudiar, tiempo para plantearnos preguntas trascendentales, tiempo para viajar, tiempo para pasarla bien.
Pero lo cierto es que no lo sabemos... Y seguimos sin hacer nada.
En mi caso, estoy tratando de revertir esa situación. Y me meto en créditos que no sé cómo voy a pagar en mi afán de conocer el mundo. Y abrazo a las personas que quiero y disfruto del contacto. Invierto muchas horas en filosofar, aunque casi nunca llegue a conclusiones valederas. A la noche me brindo un rato para estudiar o leer, a ver si consigo que se me pegue algo, me regalo un cafecito en un bar de vez en cuando para leer, actividad que me proporciona mucho placer.
No siempre puedo, es cierto. Y a veces puedo a destiempo. Pero dicen por ahí que “lo que vale es la intención”.
Otro de los motivos que nos impiden hacer algo es el miedo. Miedo a pasar el ridículo, al rechazo, a que nos juzguen como tontos o inmaduros. Y el saber que ya estamos jugados nos da ese toque de valentía que necesitamos. Si nos va mal, después de todo no será por mucho tiempo.
Y hablando de poco tiempo, recordé ese mal chiste de humor negro que dice que un tipo va al médico y, después de practicarle algunos análisis, le dice:
- Mi amigo, tengo una noticia buena y una mala.
- ¿Cuál es la mala?
- Tiene un cáncer terminal y le queda un año de vida.
- ¿Y después de esto, cuál puede ser la buena noticia?
- Que también tiene Alzheimer y en 2 meses ¡ni se va a acordar!
Creo que la vida es sólo una, y que hay que aprovecharla al máximo.
Por mi parte, espero que cuando venga la Parca me encuentre viviendo…

lunes, 11 de febrero de 2008

Dame fuego, dame, dame fuego


Mientras espero que mi hermano venga a mi casa a conectar el derivador para poder tener Internet en ambas máquinas, suelo escribir algunos post en casa y los subo en la oficina. Este fin de semana no fue la excepción. Tenía dos post para subir, pero me referiré a una noticia de actualidad.
Ayer a la mañana ví en el noticiero que se había quemado el Camden Market de Londres. Y casi me largo a llorar.
Este era un lugar increíble. Era una de las construcciones más antiguas de Londres (fue construído en 1263), una mezcla de mercado central, San Telmo, Recoleta. Según me explicó el guía con el que hice una recorrida nocturna por Londres, era uno de los lugares más encantados de la ciudad. Y aunque no vi fantasmas de ningún marino sobrevolando con sus sábanas al viento esa noche y tampoco se si es cierto, merecería serlo.
Ahí la magia estaba en el aire, mezclada con un aria de La Traviata cantada por una excelente cantante lírica, los violines y violonchelos, los magos y acrócabatas que inundaban la zona con su color y ruido, mezclado con ese perfume embriagador de Londres.
Desde el balcón de la planta baja podía observarse el subsuelo, donde había negocios y bares. Precisamente abajo estaba London Rock, un lugar maravilloso para los amantes de este tipo de música de cualquier época. Desde Bob Marley hasta Los Beatles, pasando por Queen, Deep Purple, AC/DC, etc., había de todo: discos de oro, posters, remeras, llaveros, stickers, tazas. Lo más maravilloso eran las réplicas en miniatura de los instrumentos. Estaba, por supuesto, la guitarra de Brian, la batería de Roger y de todos los demás grupos. No sé el tiempo que estuve ahí, pero fue mucho. El tiempo parecía haberse detenido.
En el mercado había grabados antiguos, réplicas de monedas romanas, ropa, alhajas.
Tomé un exquisito café con leche sentada bajo el tibio sol de Septiembre compartiendo la mesa con dos típicas ladies inglesas, ya mayores ellas, con las que tuve una charla muy interesante.
Siento mucho lo que pasó. Lo único que espero es que puedan reconstruirlo. Después de todo, salieron a flote del devastador incendio que destruyó la ciudad... Patricia Cejas

jueves, 7 de febrero de 2008

La historia de mi vida



Escribí este relato hace un tiempo. Es verídico palabra por palabra. Es muy personal, sepan disculpar.

Ese sin duda sería uno de los peores días de mi vida.
Mi madre tenía un meningioma en la nuca. Era un caso grave: ya tenía problemas de motricidad y había lugares en que la médula medía 1 ó 2 mm por lo que debía ser operada.
La intervención era muy complicada porque se corría serio riesgo de cortar definitivamente la médula y que quedara cuadripléjica. El médico no nos daba muchas esperanzas que fuera exitosa.
Con toda esa preocupación en la cabeza salimos temprano de casa. Iríamos en el auto hasta la oficina del que entonces era mi marido y de ahí yo seguiría en colectivo hasta el sanatorio.
Como siempre que había una circunstancia en que yo necesitara ser contenida, él se ponía furioso.
Sin poder recordar todavía por qué (nunca hicieron falta muchas excusas), empezó a gritar y a discutir. A menos de la mitad del viaje paró el auto y literalmente a patadas me sacó a la calle. Acto seguido revoleó mi cartera por encima del techo.
Ya estaba acostumbrada a llorar en silencio. Me calcé mis anteojos oscuros y fui hasta la estación a tomar el tren: lo único que me importaba era acompañar a mi madre en ese trance.
El viaje se hizo interminable, pero afortunadamente llegué antes que entrara al quirófano.
La espera fue angustiosa. Los cuatro que estábamos ahí disimulábamos como podíamos la preocupación sentados frente a sendas tazas de café.
La cirugía salió bien, pero quedaría algunos días en terapia intensiva para control.
Después de verla emprendí el regreso a casa, donde estaría mi suegra para recibir a los chicos al volver del colegio.
Al llegar encontré el living lleno de sangre, y mi suegra recostada en mi cama. Estaba confusa y no recordaba bien qué había pasado.
Con la premura del caso llamé a mi cuñado, que tenía auto, para llevarla a otro sanatorio (recuerden que mi auto estaba en la playa de estacionamiento del trabajo de mi ex. No fuera a ser que en un día como ese lo necesitara para algo y él me solucionara fácilmente el problema). Ella también quedaría internada en terapia intensiva.
Mientras hacían los trámites intenté comunicarme con mi hermano. Estaba muy inquieta porque mis hijos llegarían de la escuela y encontrarían todo el desastre sin saber qué era lo que pasaba.
Por suerte Gaby pudo llegarse a casa a decirle a los chicos lo que había sucedido y tranquilizarlos. Les dijo que todo estaba bajo control y que yo volvería en cuanto pudiera.
Los días siguientes fueron una locura. Tomaba tren-subterráneo-tren cruzando toda la ciudad para ver a mi madre media hora. De ahí salía corriendo a ver a mi suegra por otra media hora, pero en una clínica que estaba más allá de mi casa. Y eso sin olvidar mi casa y mis hijos.
Tal vez este relato de una de las tantas veces que fui lastimada pueda explicar un poco por qué tengo tan baja tolerancia a la violencia…

miércoles, 6 de febrero de 2008

¿Comunicación?



Cuando llego a la oficina mi rutina es más o menos la misma: guardo mi cartera, me sirvo un café para despavilarme (cosa que rara vez consigo), leo el correo y abro el messenger.
No soy de chatear mucho, así que mi lista de contactos es muy limitada.
Pero ayer me pasó algo extraño: poco antes de irme para casa aparece un cartelito de un tal Hugo Alberto (a quien no invité a mi lista de contactos ni acepté pertenecer a la suya) que decía "Comme vai?"
La conversación que siguió fue más o menos así:
- Bien. ¿Quién sos? - Contesté educada.
- Un amor lejano que puede ser cercano si querés. - Un poco cursi, pensé, pero empezamos bien.
- Podríamos hablarlo, pero no te conozco, respondí. Contame algo de vos. (Nunca hay que cerrar la puerta a nuevos amigos).
- ¿Qué tal si me mandás una foto tuya para empezar?, propuso.
- No tengo fotos.
- ¿Qué sos? ¿La gorda Matosas, que no querés mostrarte?, atacó.
- ¿Y qué si lo soy?, contraataqué ofuscada.
- ¡Cheeee! ¿No soy claro para escribir o vos sos dura para entender?

Y ya no contesté. Ultimamente me banco poco la estupidez.
Pero en el colectivo estuve pensando algunas cuestiones:
* ¿De dónde salió este Fulano? ¿Quién lo autorizó a irrumpir en mi computadora?
* ¿Qué fue lo que quiso conseguir? ¿Un levante? Porque de ser así lo único que pudo hacer es dejarme una sensación bastante desagradable.
* ¿De dónde sacó mucha gente (hombres y mujeres) que la violencia gratuita y los malos tratos son agradables? ¿Se sienten más poderosos? ¿O demuestran que no son débiles? ¿O simplemente son medio idiotas?
Cosas vederes, Sancho...

martes, 5 de febrero de 2008

Cosas de la vida


Hay gente que no puede vivir sin llamar la atención. Supongo que todos conocemos alguna. Si uno está resfriado, ella tiene neumonía. Si se me mueren los peces, a ella le mataron la perra de forma sangrienta. Si comento que mi ex no quiere aumentar la cuota alimentaria, ella está en juicio.
Suele pararse en medio de la oficina a contar sus cuitas con un séquito alrededor que dice "¡Pobrecita! ¿No te parece terrible todo lo que le pasa?"
Y no. La verdad es que me importa un corno. Y esta persona hace que piense que tengo la lástima fallada.
Naturalmente soy reservada. Como cualquier persona normal, cuando tengo un problema recurro a algún amigo para pedirle que me ponga la oreja. Tengo plena conciencia que no podrá resolverlo, pero el sólo hecho de escucharme ayuda mucho.
Será por eso que no entiendo esa necesidad de publicar el parte diario de inconvenientes. Porque hay personas que creen que un accidente en la Panamericana fue producido con el único objetivo de darle tema de queja.
¿No encontrará esta gente algo para que su tránsito por esta vida sea un poco más alegre?

viernes, 1 de febrero de 2008

Postal de La Habana II









Ayer desempolvé mi viejo CD del viaje a Cuba, para revivir de nuevo la historia. Acá les presento algunas de las fotos.
La primera con mis amigos cubanos, la segunda de la exposición, y las dos últimas del centro de convenciones.
Espero que les gusten.