miércoles, 19 de marzo de 2008

¿Dónde hay un mango, viejo Gómez? (alegoría)

Siempre fui bastante desastrosa con la plata: Lo máximo que consigo es tener una vaga idea de cuánto puede haber en mi cartera.
Lo que ocurre es que siempre pensé que el dinero existe para circular, no para ser guardado en depósitos. Para hacer con él lo que nos haga felices, a nosotros y a los que nos rodean. Para gastarlo en vida: no me interesa ser el cadáver más rico del cementerio.
A veces voy poniendo vueltos desordenados en cualquier bolsillo y suelo pensar que lo perdí. Pero no deja de tener sus ventajas: en el momento más inesperado me encuentro unos cuantos morlacos a mi disposición con los que no contaba.
A pesar de lo dicho, suelo ser cuidadosa con mis consumisiones y pocas veces he gastado más de lo que tenía.
Pero soy capaz de gastar plata en comprar panchos para los chicos del hogar y después contar monedas para viajar. O hacerle un regalo a mis hijos o a un amigo sólo por placer, por el simple gusto de ver una sonrisa.
Lo malo es que soy bastante reacia a gastar en mí. Me produce un poco de culpa. Y no creo que esté bien. Porque a nadie le gustan los caminos de una sola dirección. Nadie quiere estar con alguien que sólo da pero no recibe nada. A la larga se sienten en deuda.
Tengo gente conocida que se queja de nunca haber ganado un peso. Pero tampoco invierte, ni se juega. No se puede ganar el Quini sin haber comprado un billete.
También los hay que despilfarran, y pretenden tener ganancias sin haber evaluado previamente los riesgos. Y se quejan de sus pérdidas.
A veces me quejo que las cosas me salen demasiado caras. Y así es: hago malas inversiones y pierdo plata.
Pero en otras circunstancias el diablo se pone de mi lado y, con algunas monedas apenas, consigo una bonificación nada despreciable.
Lo que sí tengo en claro es que el precio de nada es nada. Y como quiero todo, prefiero seguir invirtiendo.

martes, 18 de marzo de 2008

Metropolitano S.A.

Leí en el blog de La Incondicional un hermoso post sobre el tren. Pero, incapaz de hacer algo tan bonito, paso a escribir algo más prosaico.
Tanto ayer como hoy viajé muy mal. Uso este lenguaje porque soy una dama. Los epítetos imagínenlo ustedes.
Ayer el colectivo que tomo hasta la estación estaba de paro, porque habían matado a un chofer en un robo, así que fuí caminando hasta la estación. Esta linda la mañana, y caminar hace bien, me consolé.
Al llegar, me desayuno que el gasolero rápido a Constitución no andaba, porque había habido un accidente. "Tomaré el local", pensé para mí esperanzada.
Según me informaron en boletería, llegaría en seguida por el anden 3 (tradicional andén de los locales cuando existían tiempo atrás).
Me senté cómodamente en un banco del citado andén, saqué mi libro, y me dispuse a esperar leyendo a César y Cayo Mario (mucho más interesante que ver caminar de allá para acá a los de seguridad de Metrovías, les aseguro). 20 minutos después apareció, por fin, el convoy, pero por vía 2.
Subí corriendo al puente, atropellé a cuantos se cruzaron por mi camino, y llegué cuando se cerraban las puertas. Después de la puteada de rigor, pensé que más caro me salía un gimnasio.
Como todavía creo en lo que me dicen (no voy a aprender nunca) esta mañana salí temprano para tomar el local de 9 y 9 (18).
Pero hoy vino a las 9, y por andén 5. ¡Y después mi amigo Fabián se quejaba que Los Cafres habían empezado su recital con demoras!
A esta altura estoy pensando seriamente en tomar un curso de magia con David Coperfield. Tal vez al graduarme pueda adivinar horarios y andenes del ex Roca.

lunes, 17 de marzo de 2008

24 horas

Entre todos los hobbies que tengo el principal es mi habilidad de buscar actividades que ocupen mi tiempo libre.
Es así como, además del trabajo en la oficina, estoy trabajando para una comisión de Ciencia y Tecnología.
Como algún minuto libre me sobraba, presenté mi currículum en una universidad para hacerme cargo de su revista, el jueves me propusieron escribir como coautora un libro histórico y esta tarde voy a dar un nuevo examen de inglés para saber a qué curso debo inscribirme, lo que me significará 6 horas de cursada por semana. Como todavía restaban algunos segundos, presenté un trabajo en un concurso literario.
Cuando llego a casa debo ocuparme de la ídem porque la señora que me ayuda se tomó unos días, mis hijos empezaron la universidad, necesitan materiales y tienen horarios disparatados, y estoy tejiendo un sacón para el invierno.
Y afortunadamente el día tiene 24 horas, porque de lo contrario ya encontraría algo más.
Los fines de semana no son más livianos, porque tuve muchas invitaciones, y realmente no me sentía muy bien.
"Creía mi alma inservible, pero era cansancio vulgar, nada más", canta por ahí Silvio Rodríguez.
Espero pronto ponerme al día tanto con el blog como en los comentarios en blogs amigos.
¿Nadie tiene una cama que le sobre?

miércoles, 12 de marzo de 2008

Un cadaver exquisito (II)

A pesar de lo dicho por Fabián, acá va la primera parte del segundo capítulo.
Ahora sí espero que alguno lo continúe.

Y Clara se había decidido.
Lo primero que pensó fue si valía la pena, y llegó a la conclusión que no. Fundamentalmente porque lo que más amaba en el mundo era su libertad, y eso incluía a sus amigos. Y éste en especial.
Sentía vibrar su piel, sentía el deseo, tenía ganas de dejarse llevar y aprender cosas nuevas.
Disfrutaba cada charla y cada mail intercambiados con él. Y sentirse en la obligación de seducir la limitaba, la inhibía. Era un precio muy alto para tener un mal polvo. Y no pensaba pagarlo.
Por otro lado, no quería volverse ciega a la realidad. No había encontrado ninguna puerta que abrir para huir de ella. Y lo cierto es que la pasión no le había tocado en esta encarnación.
Sin embargo su indeseable huésped, el sentimiento, se negaba a abandonarla.
Ya lo dijo Laura: no hay pociones para el amor, pero existe la estrategia. Y, como todo, eso también podía aprenderse.
Tomó su carcaj, preparó nuevas flechas, y salió a la calle con la frente alta.

jueves, 6 de marzo de 2008

Un cadáver exquisito



No pregunten el por qué del nombre, porque no sé la respuesta.
Se trata de un juego que me propuso mi amigo Fabián.
He aquí un relato que escribimos en colaboración. Para mí es sólo el primer capítulo de un cuento que podría ser muy interesante.
En la próxima entrega presentaré la primera parte del segundo capítulo, a ver si alguno toma la posta y se anima a continuarlo.
Espero que les guste.

Hacia rato que le había lanzado la flecha. Pero el tipo no se daba por aludido.
Seguía su vida perdida sin notar siquiera que estaba siendo parte de un blanco. Un blanco móvil.
-Ya no se que hacer, le insinúo, le hago propuestas…
Clara se despachaba con su amiga Laura en un bar de San Telmo, un sucio domingo a la noche.
Laura la tenía clara. Conocía eso de despertar en una multitud de ausencias y ni recordar el nombre del ausente.
Sabía como torcer el destino y acercar lo alejado.
-No hay pociones para el amor…le dijo esa noche, pero existe la estrategia.
-Ah si…cómo. Le mando escote, me acorto la pollera y el boludo nada. Además le escribo mail…le digo lo que me gustaría que me haga…pero nada.
-Error, ves…allí esta el asunto. Pero veamos. Lo has invitado a tu casa con motivos banales, ¿cierto?, bueno han tomado algo…no si seguro vos le pusiste coca-cola, que si bien le gusta, eso no sirve. ¿Queres doblegar ese “no” ridículo que te pone,…? ¿Si?...entonces ponele un champán, un vino y haceselo tomar.
La cosa parecía lógica…al tipo lo conocía hacia años y el nunca la había visto sexualmente, entonces había que hacer que cambiara su percepción. Había que voltear su temor, su prejuicio, y como... ¿eh?
-Con un poco de alcohol, nena… ¡como no te avivas!
Tenes que darle escenario a la cosa. Luz de bombita bajo consumo, un té, una gaseosa… ¿estas loca….?
Clara se quedo pensando. Cada vez que lo invitaba no era lo suficientemente dura con sus hijos que le saboteaban cuanta cita tenia apareciéndose cruelmente, además planteaba las cosas como una reunión de tupper. En la cocina, en el mismo lugar donde la vida de la casa transcurría, nada era diferente, si quería que algo especial ocurriera esa noche, ¿porque no hacer las cosas distintas?
-Además esos mails...a ver... ¿que le escribís...?
-Y le digo lo que me gustaría que me haga...que si me acariciara no me molestaría. Confeso Clara poniéndose colorada...
Laura indignada, parecía un volcán, el Etna a punto de taparla de lava.
-Nooo, ¡así no! N0 tenes que decirle lo que te gustaría a VOS que te haga, ¡tenes que decirle lo que te gustaría hacerle a él! Eso calienta a los tipos, que le digas de lo que sos capaz... de cuanto te atreves...de...de... ¡de que se la podes comer toda si ahogarte!
Clara quedó helada...Parecía demasiado para ella. Un colegio de monjas, una familia castradora, un único ex marido que la humillo por años. Toda una historia que la confrontaba todo el tiempo con su deseo.
Un deseo que parecía haber aumentado en estos años y que no permitiría dejar que se extinguiera.
-¿Te parece tan difícil lo que te digo?
-Y...maso...
-Además, ¿fuiste llevando la charla al terreno sexual...averiguaste que le gusta...si le gusta que te depiles toda, si le molesta que fumes...que ropa interior...Hiciste alguna tarea de investigación?
Clara estaba dura, no se imaginaba cuantas cosas había que poner en marcha para cogerse un tipo. Si bien este le interesaba solo para un rato de calentura, se lo había puesto entre ceja y ceja solo por amor propio.
Se conocían desde chicos, tenían amigos en común, ellos mismos eran buenos amigos y estaba segura que luego de eso no habría problema en seguir siéndolo. Y no pensaba renunciar a ese polvo.
¿O sí? Se lo venía planteando estos últimos días.
Sabía que su cerebro, en el que siempre se había refugiado, no le serviría en este caso.
Tal vez debía escuchar a su amigo Adrián, con quien había estado hablando.
-No pensés más. Dejate llevar. Entendé que esta vez no te sirve usar el mismo método que venís usando. Vos sos la que siempre dice que si querés resultados diferentes no podés hacer lo mismo. – Dijo Adrián después de escucharla pacientemente. Como siempre.
-Vos me conocés bien, y sabés lo que eso me cuesta. Estuviste a mi lado todo este tiempo, más de una vez secando mis lágrimas. Y que estoy poniendo lo mejor de mí. ¡A veces me siento tan tarada! – Contestó Clara.
-¿Por lo que te dijo Laura?
-Un poco por eso, por no haberme dado cuenta de cosas tan obvias. Y otro poco porque esta vez no sé bien qué tengo que hacer.
Además, ella me dijo algo que me quedó picando… A pesar de conocernos desde hace tanto, nunca se me ocurrió pensar en qué cosas le gustarían a él. Grave error. Pensé que con lo que sacaba de nuestras conversaciones entre líneas era suficiente. Ahora me doy cuenta que no se nada.
- ¿Y qué pensás hacer?
- No se… A veces pienso que no vale la pena, que antes era más fácil, que bloquear los sentidos me hace sentir en un lugar más cómodo.
- Sabés que ya no podés volver atrás… ¿Y tu amor propio? – Picaneó él adrede mientras terminaba su café.
- Bien, gracias por preguntar. Precisamente en eso estaba pensando ayer. A mí este tipo me calienta, y siento que yo no le muevo ni un pelo. ¿Debo seguir insistiendo? – Dijo Clara, más para sí misma que buscando una respuesta.
- ¿Estás segura?
- ¡Dale, Adrián! Soy medio tarada pero no como vidrio. Ni siquiera se tomó el trabajo de volver a agendarme en su celular.
- ¿No te estás poniendo excusas para quedarte donde estás? – Psicopateó Adrián sabiendo de antemano la respuesta.
- Sí. ¿Cuál es el problema?

Pero sí había problemas.
Coincidía con Laura en que sus técnicas de seducción no eran las adecuadas. Y también sabía que moría de ganas que él la cogiera. ¡Puta madre! Había millones de tipos y se vino a calentar con este boludo.
Por otro lado, pensaba que acostarse con alguien debía ser una actividad consensuada. Y sentía que estaba forzándolo. ¡Pero le gustaba tanto el jueguito!
Caminó mucho, pensó, sintió, se ratoneó, se rayó, quiso rajarse.
No quería seguir teniendo una vida incompleta, a pesar de lo que le había dicho a Adrián. Quería acercar lo alejado, no quería perderse esto, no quería que su deseo volviera a extinguirse.
Tenía mucho miedo, pero pensaba que valía la pena enfrentarlo. Había podido con retos peores.
How would it be if you were standing in my shoes? Can't you see that it's impossible to choose? Susurraba Queen a su oído.
-No Brian, no es cierto. SIEMPRE se elige.
Y ella había tomado su decisión.

sábado, 1 de marzo de 2008

Tiempo loco




Mucho se ha dicho y escrito sobre el tiempo. Y siempre fue un tema apasionante para mí.
Leí a Stephen Hawkings (entendí sólo la mitad, la verdad sea dicha), vi cuanto documental se presentó en la pantalla sobre el tema, conozco un poco la teoría del Big Bang.
Para mi limitada mente es difícil entender un concepto sin principio ni final. Y, en realidad, pensándolo bien, todas las teorías escritas hasta ahora, medianamente sustentadas en la física y las observaciones, sólo son especulaciones metafísicas siempre al borde del precipicio de ser eliminadas.
Einstein dijo con acierto que el tiempo es relativo. O, como dijo más poéticamente Wimpi “tiempo loco de minutos enormes y años cortitos…”.
Cuando escribo sobre algún tema esquivo trato de empezar por el principio: ¿Qué dice el diccionario sobre esto? Veamos: “Por tiempo se entiende la duración de las cosas sujetas a mudanza. Es una
magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro; su unidad en el sistema internacional es el segundo. Parte de esta secuencia. Época durante la cual vive alguien o sucede algo. “
Tanto pensar en eones… que no tienen mucho sentido en la limitada porción de tiempo que nos fue dada: nosotros disponemos de unos pocos años para hacer de ese tiempo una vida.
Y lo cierto es que a veces ésta parece una tarea fácil y manejable, y otras sentimos que no podremos con ella.
Cae esta tarde gris sobre las casas que muestran los destellos de las gotas que se niegan a evaporarse con el débil sol que asoma tímidamente entre las nubes. En el aire suena una música suave que denota mi estado de ánimo. A veces me pongo un poco melancólica y huiría de acá buscando nuevos horizontes porque siento que las cosas me sobrepasan. Y normalmente no se trata de problemas serios. Esos no pudieron conmigo.
Acostumbro ser una mujer fuerte. Supongo que, como a muchos, me ha tocado pasar situaciones realmente difíciles que supe superar con hidalguía.
Pero algunas veces (sólo a veces) necesito algún brazo amigo que me rodee, apoyarme en un pecho fuerte, y llorar…

jueves, 28 de febrero de 2008

Herencia


Nunca tuve a nadie que me legara plata. Pero heredé de mi abuelo materno la biblioteca de La Nación con todo su contenido (a excepción de algunos libros que sus pacientes olvidaron devolver a su lugar antes de entrar al consultorio). Es una de mis posesiones más valiosas.
Allí hay volúmenes excelentes de principios del siglo pasado.
Hay libros técnicos (heredados de mi abuelo paterno), como un libro de astronomía donde ni siquiera figura Plutón (no me preocupa: el susodicho ya fue degradado de la categoría de "planeta"). Está la historia de San Martín, de Mitre, clásicos como "Amanda", "El prisionero de Zenda" (que me resultó una delicia), las historias de Shakespeare noveladas...De vez en cuando me pego una vueltita por esas páginas.
Anoche había terminado el libro que tenía entre manos y no tenía qué leer antes de dormir (a falta de somnífero, bueno es un clásico). Era buen momento para ir hasta el living en busca de algún tomo.
Desde el segundo estante me guiño el ojo Ricardo Monner Sanz con sus "Disparates usuales en la conversación diaria" (escrito en 1923), y no pude resistirme a su insinuación.
Ya en la primera hoja me encontré con lo siguiente:
"Medita sólo un poco antes de enojarte con quien aspira tan sólo a darte saludables consejos para que logres en tus conversaciones y escritos mostrarte conocedor de nuestra riquísima lengua, que todos afeamos, por falta de estudio y atención"
Paso a enumerar algunas cosas que allí aprendí (además de divertirme mucho):
* No debe decirse "acuso recibo de...", ya que este verbo es sinónimo de acriminar, delatar, imputar. En su lugar podría emplearse "Aviso a Ud. el recibo de...".
* El uso de "pequeño" viene del francés, que no tiene diminutivos. De ahí que digamos "casa pequeña", "pequeño jardín", etc. Pero nuestro idioma SI los tiene. Lo correcto sería: "dimos un corto paseo", "leímos un librete", "patinillo" por "patio pequeño", "esquela" por "carta corta"...
* No es lo mismo "día festivo" que "día de fiesta" (y no continúo con otros "no es lo mismo..." por discreción). Los días festivos son días de jolgorio, de alegría, pero no necesariamente son "domingos o fiestas de guardar" (sic). Los feriados, en cambio, son "días de fiesta" para el Estado, aunque sean días de pesadumbre.
* Esta me gustó: No debe decirse "hago algo a diario" sino "diariamente", tal como se diría semanalmente o mensualmente.
* Se suele ver en las invitaciones que todo "tiene lugar" (por ejemplo una recepción) en lugar de ocurrir, acontecer, se verifica, se celebra en, se realiza en.
Y, para no seguir aburriéndolos, les paso algunos adjetivos superlativos:
Fuerte: fortísimo
Bueno: bonísimo
Sabio: sapientísimo (¡?¿!)
Con este post hago mi pequeño aporte a la cultura general. Aunque sospecho que si este buen hombre todavía estuviera vivo volvería a morirse de sólo oírnos hablar por la calle...