Fabián dejó un comentario en mi anterior post. Con mi casi nulo poder de síntesis empecé a contestarle y, como se hizo un poco largo, preferí incluirlo acá.
Ya lo dice Freddie en la bellísima canción que incluí: “Just one year (en este caso, one week) of love Is better than a lifetime alone...”. ¿Qué importa si pronto las fotos se ponen sepia? En lo personal, siempre me saca una sonrisa encontrar una de esas fotos en un cajón en medio del quilombo diario. Bien decís: una linda sensación. Una marquita agradable entre las muchas heridas de guerra.
Ya perdí las esperanzas de encontrar al hombre de mi vida. Ya no busco a nadie para envejecer juntos. Creo que ya no soportaría tener a alguien todos los días en mi cama cuando estoy rayada o cansada por los problemas diarios. Y en esas condiciones, estos momentos son remansos de paz que me ayudan a seguir adelante.
Teniendo en cuenta lo anterior, procederé a contestar tu pregunta.
Tal vez en mi adolescencia, cuando las hormonas estaban alborotadas, lo importante era la pasión. Pero a esta altura eso sólo no me alcanza, lo que no significa que no me guste. Pongámoslo así: el sexo apasionado es como una torta: me gusta y la disfruto. Pero si la relleno de dulce me gusta más. Y si le pongo arriba unas frutillas, es una torta casi perfecta. Con el sexo pasa lo mismo: llegar al orgasmo es lindo. Pero si le agregamos un poco de atención por parte de los dos es mejor. Y si le sumamos un poquito de romance la noche se hace perfecta.
Los argentinos en general (no hablo de los latinos porque en Cuba el trato que me dispensaron fue distinto) tienen una actitud de “nena, vení que te enseño”, preocupados por su rendimiento sexual y sintiendo que no son lo suficientemente hombres si la mujer no goza. Los sajones, en cambio, son más gentiles, más galantes, más preocupados por compartir que por demostrar lo machos que son.
A esta altura del partido quiero sentir que al otro le importo. No me interesa si la relación dura un año, un mes, un día o un turno de hotel, o si nos mentimos descaradamente amor eterno. Pero quiero que ese tiempo sea nuestro. Que me demuestren que soy algo más que un agujero en la entrepierna donde hacer proezas acrobáticas para contarle a los amigos en el bar. Que intercambiemos algunas palabras además de fluidos. Que nos divirtamos además de satisfacer una necesidad biológica.
Es cierto que los argentinos son más fogosos y los sajones más distantes pero, como vos preguntaste mi opinión, voto definitivamente por los segundos.
Ya perdí las esperanzas de encontrar al hombre de mi vida. Ya no busco a nadie para envejecer juntos. Creo que ya no soportaría tener a alguien todos los días en mi cama cuando estoy rayada o cansada por los problemas diarios. Y en esas condiciones, estos momentos son remansos de paz que me ayudan a seguir adelante.
Teniendo en cuenta lo anterior, procederé a contestar tu pregunta.
Tal vez en mi adolescencia, cuando las hormonas estaban alborotadas, lo importante era la pasión. Pero a esta altura eso sólo no me alcanza, lo que no significa que no me guste. Pongámoslo así: el sexo apasionado es como una torta: me gusta y la disfruto. Pero si la relleno de dulce me gusta más. Y si le pongo arriba unas frutillas, es una torta casi perfecta. Con el sexo pasa lo mismo: llegar al orgasmo es lindo. Pero si le agregamos un poco de atención por parte de los dos es mejor. Y si le sumamos un poquito de romance la noche se hace perfecta.
Los argentinos en general (no hablo de los latinos porque en Cuba el trato que me dispensaron fue distinto) tienen una actitud de “nena, vení que te enseño”, preocupados por su rendimiento sexual y sintiendo que no son lo suficientemente hombres si la mujer no goza. Los sajones, en cambio, son más gentiles, más galantes, más preocupados por compartir que por demostrar lo machos que son.
A esta altura del partido quiero sentir que al otro le importo. No me interesa si la relación dura un año, un mes, un día o un turno de hotel, o si nos mentimos descaradamente amor eterno. Pero quiero que ese tiempo sea nuestro. Que me demuestren que soy algo más que un agujero en la entrepierna donde hacer proezas acrobáticas para contarle a los amigos en el bar. Que intercambiemos algunas palabras además de fluidos. Que nos divirtamos además de satisfacer una necesidad biológica.
Es cierto que los argentinos son más fogosos y los sajones más distantes pero, como vos preguntaste mi opinión, voto definitivamente por los segundos.
